UNA URGENCIA POR LA LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO

Es evidente en las Escrituras la urgencia hacia la necesidad de ser llenos del Espíritu Santo. Especialmente si albergamos el deseo de servir y cumplimentar la voluntad de Aquél que nos llamó. Zacarías 4:6 es contundente al descalificar todo esfuerzo humano en el intento de alcanzar esta meta:

Zacarías 4:6
...Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Tal necesidad se convirtió en el tema primordial del mensaje de Jesús a sus discípulos, especialmente sus últimos días en la tierra. La noche antes de ser crucificado, Jesús pasó gran cantidad de tiempo con los Apóstoles enseñándoles acerca del "Consolador" quien habría de venir; el Espíritu Santo (Juan 14-16)
Siguiente a su resurrección, Cristo instó a los discípulos a que prepararan sus corazones para recibir el Espíritu Santo (Juan 20:21-22). Y antes de ascender al cielo, el Señor expresó con vehemencia la seguridad de la promesa del Espíritu, así como la prioridad y empoderamiento de este:

Hechos 1:4
Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. 5Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.


Hechos 1:8
8pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.


Las redundantes referencias hechas por Jesús acerca de este imperativo encuentro con el Espíritu Santo, pone en evidencia la importancia del tema. Tal vez en aquellos días, tal como hoy, había un conformismo nocivo que paralizaba a la Iglesia y la estancaba en su potencial espiritual.
El apasionado deseo de Cristo por la llenura del Espíritu en sus seguidores, fue también evidente en los líderes de la Iglesia Primitiva en dos marcados momentos. Primeramente en Samaria, año 36 DC, donde Hechos 8 registra el remarcable reporte de un avivamiento que cayó sobre esa ciudad seis años después del Pentecostés. El ministerio evangelístico de Felipe había llevado a muchos a Jesucristo y no pocos fueron bautizados en agua. Pero Pedro y Juan vinieron desde Jerusalén a observar la situación del movimiento en Samaria y mostraron preocupación de que los nuevos conversos no habían aún sido llenos con el Espíritu Santo:

Hechos 8:16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Pedro y Juan no se demoraron en imponer las manos sobre los nuevos creyentes para que recibiesen la promesa hecha por Jesús.

Los versículos 15 al 17 de este capítulo testifican que la Llenura Divina no se hizo esperar. Aún más, esa experiencia no fue un mero ejercicio formal, sino que representó un acto manifestativo innegable del poder que había descendido sobre aquellos que habían sido ministrados. A tal punto que Simón, el mago, quiso comprar ese poder (vs. 18). Trece años después, en la ciudad de Efeso, en el 49 DC, las Escrituras también reportan una situación similar, Pablo llega a esa ciudad y encuentra a discípulos que, aunque creyentes, no habían sido enseñados completamente en el camino de Jesús. Al darse cuenta de esto, aunque sí fueron bautizados en agua, el Apóstol le pregunta:

Hechos 19:2
...¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.

Pablo en consecuencia los llama a un completo entendimiento de Jesucristo y a ser bautizados en su nombre. Luego les impone manos y el versículo 6 relata lo sucedido:

Hechos 19:6
Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Es digno de notar la pasión que ocupó las mentes y prioridad de los Apóstoles líderes de la Iglesia en aquellos tempranos días. Así como hoy, ellos sabían que cada creyente debía ser lleno del Espíritu Santo. Una llenura que no se podía disimular y que tampoco era una experiencia opcional. El bautismo con el Espíritu Santo era y es algo inexorable.

Amada familia, al culminar estas semanas del 2009, un año embarazado de desafíos y que preludia el perfil del 2010, tengamos presentes que es infructuoso el intento de todo esfuerzo sin el poder más grande del universo, el poder del Espíritu Santo.

Búscalo, anhélalo y recíbelo...
Que Dios te Bendiga,
Juan Carlos Manzewitsch