UN ANHELO DE LA TRINIDAD

En su gracia y misericordia,  la Trinidad se ha manifestado a la humanidad de distintas formas a lo largo del tiempo. Cada persona del Dios Trino se mostró de manera diferente y  en tiempos distintos. Una evidente manifestación del Dios Padre fue vista en el Antiguo Testamento, donde existía una relación directa con el hombre. Desde el principio el Creador se comunicaba con Adán y Eva mostrando así su deseo de comunión con los hombres. Abraham, Moisés, Elías e inclusive el pueblo mismo de Israel son algunos ejemplos de personas que vivieron esta manifestación directa del Padre.

La aparición del Dios Hijo se puede apreciar  con más contundencia a partir de la llegada de Cristo en los evangelios. Esta manifestación fue la más humana y físicamente tangible, ya que el verbo fue hecho carne y habitó entre los hombres mostrando su gloria (Juan 1:14).

El Espíritu Santo se manifestó inequívocamente a partir del ascenso del Hijo al cielo.  Jesús dijo: Os es necesario que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os le enviaré (Juan 16:7). Desde entonces, su Persona está con nosotros y puede sentirse.

Pareciera que con cada aparición de la trinidad  se dejaba traslucir una búsqueda y un anhelo de Dios por despertar ciertos factores espirituales en el hombre. En este contexto no es descabellado pensar que el Dios Padre buscó adoradores, el Dios hijo buscó Fe, y el Espíritu Santo busca corazones contritos y humillados, rendidos a Él.

Los Adoradores del Padre

En este escrito (1 de 3) quiero hacer hincapié en lo que siento que es uno de los anhelos más ardientes del Padre: La Adoración. Es indudable que si hay algo que llega al corazón de Dios es la adoración. Ella es el objeto de su búsqueda. Él quiere que le adoremos. Jesús lo afirmó: Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; pues también el Padre tales adoradores busca que le adoren (Juan 4:23).

La referencia en este versículo en cuanto a adorar en espíritu y en verdad va más allá del acto de entonar  lindas canciones. El espíritu es la parte más alta, profunda y noble de nuestra humanidad. Es el punto de contacto entre el hombre y Dios. Hablar de adorar en verdad no siempre es referirnos a la sinceridad de nuestra devoción. La adoración verdadera incluye el contacto espiritual de lo adorado; al igual que la comunión con el mismo. Dios busca adoradores que ofrezcan lo más sublime de sí mismos y que a la vez manifiesten una relación a través de su adoración.

Jesús fue consciente de la importancia que tiene la adoración para el Padre, por eso cuando enseñó a los suyos a orar, estableció el preámbulo de toda oración: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre…  Después de haber adorado recién entonces dejó saber sus peticiones: …el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, etc. (Mat. 6:9-11)
¡Qué tal David! Si pensamos en él puede que encontremos un personaje cuestionado, dado lo errores y pecados que marcaron su vida. Sin embargo fue conocido por tener un corazón conforme al de Dios ¿Qué es lo que tenía este varón, que a pesar de sus fallas y deslices llegó a ser tan agradable a los ojos del Padre, al punto de tener un corazón concordante al de Dios? Sin duda el perfil del dulce cantor de Israel fue la adoración. Es algo que él hacía constantemente. Adoraba día y noche; mientras trabajaba o descansaba. La adoración copó su vida y en consecuencia la mano y el favor de Dios lo acompañaron todos sus días.

En el Antiguo Testamento el deseo del Padre por la adoración de sus hijos es claramente mostrado a través de la demanda de altares. Los grandes adoradores de antaño fueron constructores de altares de adoración y sacrificio al Padre. Noé, Abraham, Jacob, Moisés, David, Elías entre otros, son ejemplos indubitables de lo anterior.
Veamos rápida y concisamente algunos de los altares más importantes en el A.T. que llamaron la atención de Dios:

El Altar de Noé

Leamos Génesis 8:20-21: Y edificó Noé un altar a Jehová y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová perfume grato; y dijo Jehová en su corazón: Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo viviente, como he hecho.
En una instancia en donde todos los indicadores mostraban una maldición venidera por parte de Dios, el altar de adoración de Noé subió  al corazón del Padre como un perfume grato, quien le correspondió con una promesa de vida vitalicia para la tierra. Es claro que el incienso de adoración puede mover a Dios en misericordia.

El Altar de Abraham

En esta otra referencia de Génesis 22:9 leemos: Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y le puso en el altar sobre la leña.
Este altar es de mucha significación, ya que Abraham estaba rindiendo a su único hijo (lo más preciado que tenia) en adoración a Dios. Me pregunto a menudo ¿Cuán dispuesto estoy a rendir lo que más amo en mi vida para adorar? Dios le bendijo en consecuencia con un juramento inquebrantable: Génesis 22:16-18  y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar; y tu simiente poseerá las puertas de sus enemigos: En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.
A causa de la adoración sin reserva de Abraham, el Señor soltó una bendición tan fuerte sobre su vida, que hasta las generaciones posteriores se beneficiaron de ella. Por algo fue llamado  “padre de las naciones”.

El Altar de Jacob

El Patriarca que vio a Dios cara a cara, necesitaba enmendar su vida y familia. Génesis 35:2-3 relata que: Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestras vestiduras. Y levantémonos, y subamos a Betel; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha sido conmigo en el camino que he andado.
Es conveniente observar  seriamente este altar. El temor de Jacob hacia Dios hizo de este altar algo significativo. El patriarca antes de rendir adoración a Jehovah, se aseguró de limpiarse y quitar los dioses ajenos que el Señor aborrecía. Aquí un principio inexorable es establecido: Para dar adoración es menester presentarnos limpios y puros delante del Padre. El temor de Dios debe estar presente en todo acto de devoción al Señor. Este ingrediente en la actitud de Jacob resultó en una restauración de su llamado y de su familia.

El Altar de Moisés

Éxodo 20:24 registra una particular petición de Dios al memorable Moisés: Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas: en cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti, y te bendeciré.
En esta ocasión  Dios mismo le pide a Moisés que construya este altar, estableciendo una promesa que es tan efectiva hoy, como lo fue en aquellos días. El Señor le promete que donde se atrevan a elevar su nombre y adorar, Él vendrá y los bendecirá. Aún Jesús ratificó esta proposición divina en el Mateo 18:20. En el momento en el que nos atrevamos a levantar un altar de adoración a Dios, el será fiel para venir, manifestarse y bendecir.

El Altar de Elías

Yo llamaría a este altar “una adoración inconveniente” Según 1Reyes 18:32-33 Elías: Edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová: después hizo una zanja alrededor del altar, donde cupieran dos medidas de semilla. Compuso luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña.
Este altar fue construido en un momento donde la fe de Elías estaba siendo puesta a prueba por los que lo rodeaban. No parecieran ser las pruebas el mejor momento para adorar, sin embargo la adoración puede fortalecernos (Ro. 4:20). La historia relata el desenlace: Entonces cayó fuego de Jehová, el cual consumió el holocausto, y la leña, y las piedras, y el polvo, y aun lamió las aguas que estaban en la zanja (1 Rey 18-38).
Si nos atrevemos a rendir adoración en momentos de pruebas y desafíos, puede que Dios conteste con fuego que respalde nuestras vidas y nos auxilie en medio de las vicisitudes. Y viéndolo todo el pueblo, cayeron sobre sus rostros, y dijeron: ¡Jehová es el Dios! ¡Jehová es el Dios! (1Rey 18-39) No solo veremos fuego descender, sino que también veremos todo aquello que desafiaba nuestra fe ceder ante el altar.
Estos muy simplificados ejemplos de la devoción  que toca el corazón del Padre, pueden llegar a ser gotas de luz que alumbren tu vida de adoración a Dios. Vivamos una vida de entrega. Adoremos al Padre en espíritu y en verdad y seremos testigos de cómo Dios derramará su gracia y su poder en nuestras reuniones, nuestras iglesias y en nuestras vidas.

Que Dios Te Bendiga,
Hanko Manzewitsch | E-mail: hanko@visioninternacional.org