LOS HORTELANOS DE LA FE
¿Donde está vuestra fe?... Exclamó Jesús, después de calmar la tormenta. . .
Al echar un vistazo a la vida y ministerio del Señor Jesucristo pareciera que su persona siempre estaba demandando fe de parte de aquellos que le rodeaban.
Cualquier exabrupto de fe dejaba ver una reacción en el Señor, aun aparentaba trastocar su ser interior.
Él no disimulaba su agrado o desagrado ante la presencia o ausencia de este fruto del Espíritu.
Era obvio que la fe del centurión sorprendió a Jesús (Mateo 8:10), sin embargo la ansiedad y la escasez de fe en sus discípulos lo frustró (Mateo 6: 30).Así como el acto crédulo de la mujer que tocó el borde de su manto lo conmovió (Mateo 9:22), la autosuficiencia de Simón lo hizo reaccionar (Lucas 22: 31-32). Como estos, hay no pocos ejemplos en los Evangelios donde es de notar que el estado de ánimo del Señor no intentaba camuflar su anhelo por ver a los suyos en un nivel de fe que agradara a Dios.
La Semilla
Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la Fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais Fe como un grano de mostaza, podrías decir a este sicómoro: desarráigate y plántate en el mar; y os obedecería Lucas 17: 5-6.
Hebreos 12:2 nos enseña claramente que Jesús es el autor y consumador de la fe. Siendo esta una verdad absoluta, cabría seguramente en alguno la pregunta: Por qué el Señor les refirió el ejemplo del grano de mostaza a sus discípulos, cuando estos solicitaban un incremento de su fe, en vez de que por medio de una oración les impartiese una mayor porción de esta sustancia espiritual requerida.
Es a partir de esta pregunta que descubrimos una llave. Llave que abre un cofre con el mapa para llegar a la fe que él buscaba ver en los suyos.
Cuando el Maestro hizo referencia al grano de mostaza, no se refirió específicamente a su tamaño, más bien quería llamar a la atención sobre el potencial de desarrollo que esta minúscula semilla poseía.
Siendo la más pequeña de las semillas conocidas entonces, esta crece y se convierte en hortaliza para después transformarse en un árbol grande, de tal manera que las aves del cielo se refugian y hacen nido en sus ramas (Mat. 13:31-32)
Habremos de observar que cuando Jesús rezongaba por la escasés de fe en sus discípulos les reconvenía con estas palabras: “Hombres de poca fe...” Note que no les decía: “Hombres sin fe” El señalamiento estaba dirigido al poco desarrollo de esta semilla espiritual en sus vidas. Pareciera que el descuido y abandono del crecimiento de la fe es lo que importunaba al Señor.
Cultivando la Fe
¿Como cultivamos nuestra fe? ¿Cada cuanto regamos la semilla? El agua de la oración y de la Palabra de Dios siempre están disponibles para ser derramadas sobre el cultivo de la fe.
Tal vez este paradigma de una huerta nos haga reflexionar sobre el estado seco y estéril de nuestra semilla.
Tal vez lo anterior explique el “por que” del lento desarrollo evolutivo de nuestra fe.
Para la ausencia de la fe hay una cabal solución. Alleguémonos al autor y consumador de esta y pronto habrá una semilla queriendo germinar en nuestros corazones.
Sin embargo, el desarrollo de la semilla sembrada es responsabilidad y competencia nuestra. Mantener la semilla viva, brotando y creciendo es nuestro trabajo.
Si hemos de poseer una fe que agrade a Dios, habremos de constituirnos como hortelanos de la semilla que el Señor plantó en nuestros corazones.
Que Dios Les Bendiga.
Hanko Manzewitsch